Escuelas Ford han transformado el entorno de sus comunidades
-Una escuela puede abrir el camino
Desde hace 60 años, la Asociación de Escuelas Ford y sus Distribuidores ha construido, donado y mantenido escuelas primarias públicas en comunidades de todo México.
Este año se suman dos nuevas: la Escuela Ford 213, en Mexicali, y la Escuela Ford 215, en Naucalpan, que se inaugurarán próximamente.Pero más allá del número de planteles, la historia de esta Asociación tiene que ver con lo que ocurre alrededor de cada escuela.
Cuando la Escuela Ford 1 comenzó a operar en la colonia San Miguel, en León, Guanajuato, la calle Río Santiago no estaba pavimentada y, detrás del plantel, tampoco existía el Parque Juárez. Hoy, ambos elementos forman parte del entorno de la comunidad y la escuela quedó en medio de esa transformación.
La escena ayuda a entender una parte menos conocida de las Escuelas Ford. Más allá de su función educativa, desde hace 60 años los planteles han sido punto de partida para que comunidades, familias y autoridades gestionen mejoras que van desde servicios básicos y vialidades hasta nuevos espacios públicos y opciones de educación para niñas y niños.
Esa historia se ha repetido, con matices propios, en diversas localidades donde se han construido Escuelas Ford. La llegada de un plantel ha impulsado gestiones para pavimentar calles, instalar redes de energía eléctrica y agua potable, crear espacios públicos y ampliar las opciones educativas para niñas y niños.
En comunidades con carencias de infraestructura, la escuela puede convertirse en el punto a partir del cual comienzan a organizarse nuevas necesidades y soluciones colectivas.
En Temascalapa, la construcción de la Escuela Ford 151 llevó a las y los habitantes a gestionar un jardín de niños contiguo. La intención era asegurar que las familias contaran también con una opción para la educación inicial.
En este tipo de procesos, la escuela deja de ser sólo un destino al que se llega por las mañanas. Se vuelve una razón para mejorar el acceso, acercar servicios y pensar en lo que hace falta alrededor.

¿Cómo se construye una Escuela Ford?
Antes de que un plantel pueda construirse, hay una ruta que involucra a las comunidades desde el inicio:
- Un censo que demuestra la necesidad y viabilidad de la escuela.
- La donación de un terreno legalmente formalizado a favor de la Secretaría de Educación Pública, con una superficie mínima de 5,000 metros cuadrados.
- La integración de una asociación de padres de familia y el acompañamiento de los distribuidores Ford de cada región.
Por ejemplo, en Oaxaca, esa participación tomó la forma del tequio, una práctica de trabajo comunitario basada en la colaboración de sus habitantes. Madres, padres, docentes y pobladores participaron en la compra de predios, la limpieza y el desmonte de los terrenos, así como en las labores necesarias para hacer posible la construcción de las escuelas.
“La obra no llega a una comunidad como algo ajeno, se construye también con el esfuerzo de quienes la necesitan”, destacó Cesar Tapia, presidente de las Escuelas Ford. “Nuestro propósito está en acompañar a las familias en un proyecto vital que hacen suyo desde el día uno.
Al final, los espacios cobran una dimensión distinta cuando representan la voluntad de toda una población por salir adelante”.
Un punto de encuentro más allá del aulaC
on el paso de los años, las Escuelas Ford también se han convertido en lugares de encuentro y de identidad. En algunas comunidades son “el sol alrededor del que gira toda la comunidad”, un punto de referencia para dar indicaciones, ubicar domicilios o explicar cómo llegar a una colonia.
A su vez, son espacios que mantienen activa la participación de madres y padres de familia. En algunos planteles, esa colaboración incluye la instalación y operación de cocinas comunitarias para la alimentación escolar
.Dos nuevas escuelas para cerrar el año del 60 aniversario
En el marco de su aniversario, el programa continúa creciendo: este año se inaugurarán la Escuela Ford 213, en Mexicali, y la Escuela Ford 215, en Naucalpan, que se suman a la red de 215 planteles construidos en México a lo largo de estas seis décadas.
En el mes patrio, la historia de las Escuelas Ford permite mirar una expresión concreta de lo que significa hacer comunidad en México: identificar una necesidad, sumar esfuerzos y construir, entre muchas manos, un espacio que trasciende sus aulas.
A 60 años de su creación, el programa desarrollado en México sigue presente no sólo en sus escuelas, sino en las personas y comunidades que las hicieron posibles.

