Motocicletas en debate sobre seguridad vial
El uso de motocicletas en México continúa en expansión, impulsado por su eficiencia en traslados, menor costo operativo y su papel creciente en actividades económicas como el reparto y los servicios urbanos.
Para dimensionar su crecimiento, hace 20 años había alrededor de 500 mil motocicletas; hoy son cerca de 9.5 millones. Esto representa un crecimiento de aproximadamente 1,800%.
Este crecimiento ha colocado a la seguridad vial en el centro de la conversación como una condición para consolidar a la motocicleta como una alternativa de movilidad cada vez más relevante.
Los datos ayudan a dimensionar el momento de oportunidad en el que nos encontramos, sobre todo cuando, de acuerdo con organizaciones que analizan la percepción en seguridad vial, 97% de la población no reconoce la magnitud real de las muertes por hechos viales. Este dato apunta a un área de oportunidad y responsabilidad de quienes integramos el ecosistema de la movilidad: sensibilizar y fortalecer las capacidades de quienes ya utilizan la motocicleta como parte de su vida cotidiana.
En este punto, vale la pena ser claros: la conducción segura en motocicleta depende de que un estándar mínimo se asuma como norma de corresponsabilidad entre usuarios, industria y autoridades. Formación formal antes de salir a la vía, uso sistemático de equipo de protección certificado, comprensión de la calle como un espacio compartido y adopción de hábitos consistentes en cada trayecto son condiciones básicas
En este contexto, la Asociación Mexicana de Fabricantes e Importadores de Motocicletas (AMFIM) presenta cuatro líneas de acción que pueden elevar los estándares de seguridad:
- Formación de conductores. La conducción de motocicletas requiere habilidades específicas como control, anticipación y lectura del entorno. La capacitación formal mejora la toma de decisiones frente a situaciones de riesgo (Fondo Mundial para la Seguridad Vial).
- Uso de equipo de protección certificado. El casco es el elemento de mayor impacto. Puede reducir el riesgo de muerte y las lesiones hasta en un 74% cuando cumple con certificaciones internacionales como DOT o ECE. A nivel global, se estima que más de 1.4 millones de vidas se han salvado desde 2008 gracias al uso de cascos certificados, consolidándolo como uno de los elementos de seguridad pasiva más eficaces en la movilidad.
- Conducción como interacción dentro del sistema vial. De acuerdo con el Instituto Mexicano del Transporte (IMT), la seguridad depende de la capacidad de integrarse a un entorno compartido. Anticipar movimientos, respetar distancias y entender la lógica de otros vehículos permite reducir escenarios de riesgo y mejorar la fluidez del tránsito.
- Adopción de hábitos como base de la seguridad cotidiana. Las prácticas seguras generan resultados cuando se sostienen en el tiempo. Por ejemplo, según el Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, un aumento de 1 km/h en la velocidad promedio incrementa en 3% el riesgo de choques que resultan en lesiones y produce un ascenso de 4 a 5% en los choques fatales. Señalizar, respetar límites de velocidad y evitar distracciones forman parte de una cultura que se construye en la repetición diaria.
El ritmo de crecimiento de la motocicleta en México (de 500 mil a casi 10 millones de unidades en dos décadas) marca con claridad el siguiente paso: elevar el estándar de seguridad al mismo nivel de su adopción.
Hacerlo, además de proteger vidas, fortalece la productividad, reduce presión en el sistema de salud y consolida a la motocicleta como una solución viable y sostenible de movilidad. Poner esta condición al centro de la conversación permite ordenar, profesionalizar y dar dirección a una transformación que ya está en marcha.
